Eduardo Cerdá defiende logros en agroecología y va por más

Por Daniel Tirso Fiorotto

Como una antigua semilla menospreciada y ocultada que ha preservado su condición germinal, la agroecología volvió para quedarse y florecer.

La nueva conciencia ecológica alcanzó por fin el mundo de los alimentos, que se desarrollaba aparte de la biodiversidad, por una malformación cultural que duró demasiado.

Nueva conciencia ecológica, decimos, porque los pueblos ancestrales cultivaron por siglos esta concepción con centro en la armonía del ser humano con el entorno y la complementariedad de las especies, y contra el antropocentrismo que coloca a toda la naturaleza al servicio de una especie, como si el ser humano estuviera enfrente o arriba de la biodiversidad y no formara parte de ella.

Quienes hasta ayer se empacaban en el reduccionismo de la producción a gran escala con dosis crecientes de transgénicos, herbicidas, insecticidas, fungicidas, fertilizantes, y en la separación de la agricultura y la ganadería, ya no se enojan como antes cuando se propone revisar el sistema. Y están buscando una mayor sintonía con la naturaleza, abandonando poco a poco la altanería tan propia de la civilización occidental que los estados y las universidades fogoneaban.

Como ha dicho un productor pionero de la agroecología: la nueva conciencia viene desde los mismos productores. “Pero se ha de recordar, / para hacer bien el trabajo,/ que el fuego pa calentar/ debe ir siempre por abajo”, recita José Hernández, conocedor como pocos escritores de las labores campesinas.

Sarandón y Altieri

El ingeniero agrónomo Eduardo Cerdá es uno de los pioneros de esta conciencia en los ámbitos oficiales. Luego de promover por décadas la agroecología en predios pequeños y medianos del país, fue convocado por el gobierno nacional para fundar la Dirección de Agroecología y replicar en distintas provincias lo que ha experimentado con otros profesionales y productores, no sin resistencias y obstáculos.

Hoy el rechazo al cambio ya no es el mismo, y el allanamiento de estados municipales y provinciales, e incluso la nación, a las evidencias parece generar un círculo virtuoso, aunque de efectos lentos por ahora, probablemente por la falta de convicción en ámbitos de poder. Así es que se van sumando municipios y organizaciones que buscan conocer mejor la asociación de vegetales diversos y animales, para emanciparse de la matriz artificial.

Aquí cuenta Eduardo Cerdá el crecimiento de la agroecología, lento y firme, con detalles de un cambio cultural que nos involucra, porque muchos ignorábamos las alternativas al sistema impuesto y naturalizado. Y señala el colapso de un sistema que reclama cada vez más herbicidas e insecticidas y se encarece, pero no aumenta la producción en la misma proporción, al tiempo que deja vergonzosos rastros de contaminación en el suelo y el agua y la salud de las especies, incluida la humana.

La charla con Cerdá fue en Gualeguaychú, durante el más reciente encuentro del Plan de Alimentación Sana, Segura y Soberana -PASSS-. Allí se dieron debates de sumo interés, y se oyeron reproches incluso a cierta apertura del sistema para descomprimir sin cambiar el fondo, ni dar un presupuesto acorde, cuando este modelo le genera ingresos inmediatos al propio estado, aunque no sea sustentable. Sin embargo, Cerdá defendió el aporte en conocimientos que realiza la nueva Dirección Nacional de Agroecología a través de nodos agroecológicos, grupos del programa Cambio Rural, facultades y municipios interesados.

—Eduardo, cuántos años cambiando lo que enseñaron en la Facultad.

—Me recibí en el 86. En el 97 hice un posgrado de agroecología. Cuando estaba en la Facultad era amigo de Santiago Sarandón, uno de los precursores de la agroecología en el país. En el 90 (Miguel) Altieri, investigador chileno que está en California, también uno de los grandes padres de la agroecología, invita a los decanos de las facultades de Agronomía de Latinoamérica. Ahí estaba como secretario de investigación me parece Santiago, y va. Altieri plantea en los años 90 que había que hacer un cambio. Santiago lo ve, teniendo un hermano ecologista, ecólogo, y su ex pareja botánica también, un tipo muy inteligente, de muy buenas preguntas, empieza a ver… él estaba en la cátedra de cereales y tenía la posibilidad de ser titular. Empieza a hacer un camino que genera la cátedra de Agroecología en La Plata. Lleva 22 años. Es una materia de la carrera, en cuarto año. Yo era ayudante de él en la cátedra de cereales. Me fui a Tres Arroyos en el 86…

Primeras resistencias

—Sos oriundo de la ciudad de La Plata. ¿Cómo se te da por la agronomía?

—Es complejo. Mi abuelo era quintero pero nunca lo tuve por ahí. Cuando tenía 11 años mis viejos me llevaron a hacer un test vocacional y entonces plantearon una serie de alternativas, y una de esas fue que estudiara en una escuela agropecuaria. Y casi no había. Entonces empezaron a buscar y justo se inauguraba una escuela en Miramar. 440 kilómetros de mi casa. Me preguntaron ‘¿te irías, te gustaría?’ ‘Sí’, dije, y con 12 años me fui, internado, de lunes a viernes, a Miramar. Eso me dio una adaptabilidad, una plasticidad, manejarme con mi plata, agarrar el bolso, venir el fin de semana a La Plata cada tanto.

Nosotros somos cuatro hermanos. Me ponía muy contento… para mi viejo era el que estaba en el campo, estaba estudiando, yo escuchaba que siempre estaba hablando de mí. Mi papá era mayorista de fiambres, de quesos, lo acompañaba, lo ayudaba en el verano; me recibí en Miramar y me vine a estudiar a La Plata. Ahí nomás, cuando terminé, también a través de una gestión de Santiago me fui a Tres Arroyos. Me dieron trabajo en seguida y me quedé 25 años en Tres Arroyos. Me jubilé ahí. Soy un jubilado, tengo 10 años de jubilado.

—Contanos esta experiencia en un organismo del Estado.

—Cuando estoy en Tres Arroyos en los años 90 me invitan a ser asesor de una cooperativa. Yo tenía una Agronomía, la dejo y me voy a ser asesor a un pueblo que se llama Benito Juárez. Ahí empecé a trabajar con esos productores. Ahí conocí a otro ingeniero de mucha edad, que era parte del movimiento vecinal que todavía hoy sigue siendo gobierno en Tres Arroyos. Me invitó a ser director de Producción de Tres Arroyos. Me dice ‘te va a servir mucho’. Él había sido ministro de Asuntos Agrarios… Cinco años fui director de Producción y director del Plan Estratégico de Tres Arroyos. En esos cinco años ya hablamos de agroecología. Del 98 a 2003. A los productores les entusiasmaba mucho. Pero los profesionales la mayoría creía que era una cuestión política, que había otras cosas atrás, cosa que nunca pasó.

La Aurora

—El menos escolarizado estaba mejor dispuesto que el universitario.

—Sí, sí. Eran amigos los ingenieros, algunos me defendían, todo esto salía en los diarios. Escribimos un libro con Sarandón. Decíamos esto que está pasando ahora: que los costos, si seguíamos, iban a aumentar mucho. Que los rendimientos no acompañan a lo que suben los costos. Cada vez más agroquímicos, en dólares. En ese momento costaba 100 dólares hacer una hectárea de trigo, y decíamos que en el 2015 iba a costar 300 dólares. Llegó 2015 y costaba 400. Hoy está en 500. Y el rendimiento en ese momento era de 2.500 kilos, por lo tanto hoy tendría que ser de 12.000 kilos para estar igual, y no, estamos en 6.000, 7.000. Y los productores también me cambiaron, estos productores de Juárez; ahí estaba La Aurora, un campo que fue seleccionado por todos los trabajos que se habían hecho en el campo, demostrando que era muy eficiente; lo eligió Naciones Unidas como uno de los 52 campos exitosos en agroecología en el mundo.

—Cuántas hectáreas.

—650. Vino todo un proceso de demostrar que, en lo extensivo, en las grandes superficies, se podía hacer agroecología. Tan es así que yo me voy del municipio y después me llama Guaminí, un municipio que estaba discutiendo la ordenanza de agroquímicos. Poniendo en valor con toda la comunidad. Me invitan a una charla, cuando cuento lo de La Aurora, el director de Medio Ambiente, Marcelo Schwerdt, ve que a muchos productores les interesa. Me dice ‘che, ¿no podemos seguir con esto?’ ‘Sí, sí’. Me contrata, y rápidamente, ‘¿podemos ir a ver La Aurora?’ Tomaron un colectivo, a la semana, fueron a ver, y cuando vieron, dijeron, ‘nosotros queremos hacer como Juan’ (Kiehr, el dueño de La Aurora), ‘nos gusta esto’. Y siempre lo dicen. Hicimos unas primeras cien hectáreas, ahí en Guaminí, después 1.000, hoy hay unas 6.000 hectáreas, les está yendo muy bien. Hoy Guaminí es un faro de la agroecología, junto con Gualeguaychú. La idea es hacer esas experiencias pilotos. Que se puedan mostrar. Y después que replique el que le parezca.

Desde abajo

Eduardo Cerdá no aconseja cambios abruptos sino paso a paso. Sabe que hay profesionales como él que discuten la agroecología y los datos sobre el rendimiento. Sin embargo, todos admiten que, a diferencia de hace una década, la agroecología ya no es una actividad marginal de supuestos “románticos” despreocupados por los resultados económicos de su actividad. El tema es complejo, delicado, y las recetas varían según el ambiente, el suelo, los cultivos, etc. En Entre Ríos la roturación del suelo ha sido siempre y en vastos territorios motivo de erosión del suelo a grados extremos, y los herbicidas permiten con mayor facilidad la siembra directa. Y bien: nuestro entrevistado no ignora estas variantes.

—Entendemos que con estas prácticas están encendiendo una velita. En el fondo es un cambio de conciencia.

—Total. Juan (Kiehr) dice ‘qué lindo este cambio que se va dando, Eduardo, es de abajo hacia arriba’. Cuando el productor ve cómo está el campo, cómo está produciendo… Martín Zamora es un ingeniero del INTA con el que trabajamos hace 25 años, y contaba su experiencia de la primera vez que fue a La Aurora. Varios le preguntaban qué encontraste, lleno de yuyo, y se encontró con unos trigos bárbaros, un campo espectacular, y ahí empezamos a trabajar con el INTA de Tres Arroyos.

—Si me encuentro con un productor de Entre Ríos, o de Santa Fe, con 100 o 200 hectáreas, y está usando glifosato, glufosinato, y sembrando, ¿puedo decirle desde hoy mismo podés cambiar, o tiene que ser un proceso?

—No es conveniente que agarre y diga ‘no uso más agroquímicos’, porque esto es como una persona drogadicta. No le podés decir de ahora en más te saco el cigarrillo.

—Es un aprendizaje lento.

—Y bueno, el campo se tiene que ir acomodando.

—De esas 200 ha agarrás 20.

—Claro, depende de cada establecimiento. Empecé a asesorar en 2015 un campo de 5.000 hectáreas. Se hacían 1.200 ha de agricultura. Invertíamos 300 mil dólares por año. Probamos en 60 ha hacer avena con vicia, en ese caso. Y anduvo más o menos. Pero con la idea de ir mejorando. (Juan Pablo Oppen contaba lo mismo días atrás). Y al otro año anduvo muy bien, y a partir de ahí, al otro año pasó a 1.000 ha de cebada con vicia, centeno, y ya ahí los lotes con un año de avena con vicia dieron una diferencia de 400 kg más de soja. Y en los que tenían dos años tuvimos 700 kg de diferencia, era mucha guita (más). Entonces dejamos de hacer barbechos químicos, porque en el barbecho químico, nadie te dice que el herbicida te controla esa maleza pero… Hoy llevamos cinco o seis años de leguminosas, y este año logramos 10.500 kg de maíz, sin nada. Nunca ese campo tuvo esa producción.

 

Cuando uno desbalancea

—Ahora: viene un gusanito y algo tenés que hacer.

—Sí, pero eso no pasa tanto. Capaz que el gusanito elige ir a otro lugar. El gusanito también ve si una planta está enferma o debilitada. Mirá: yo era docente en Tres Arroyos, una vez tuvimos la alegría de que Huracán pasara a Primera. Entonces vino el presidente a la escuela, ‘che, nos tiene que preparar las canchas, porque no nos alcanza con las canchas que tenemos’. Nosotros teníamos equipo de riego, todo. Empezamos como agrónomos: riego, urea, rolo, para aplastar, para que no pique mal la pelota, después empezamos a asesorar canchas de golf también. Pero en ese momento, que yo no conocía todo esto de la agroecología, un día voy saliendo y veo toda la cancha seca. Me bajo del auto, miro, y exactamente adentro de la línea, todo lleno de isoca. Eran miles. Porque ahí estábamos fertilizando fuertemente. Después de la línea no había isoca. Se comieron todo. Eso pasa cuando uno desbalancea. Es lo mismo que cuando te duele la rodilla: te dan un medicamento para la rodilla, pero si lo tomas mucho tiempo te jode el estómago, y después el hígado. Es así. Entonces un herbicida te mata la maleza, pero después el productor empieza a decir ‘che, ya que anduvo tan bien lo que me diste no me das algo porque veo la planta medio pálida’… al animal le falta algo, entonces le doy un desparasitario, y ahí vienen los antiparasitarios que ponían cada mes prácticamente. Después entendimos que ese antiparasitario en la bosta frenaba el proceso de los bichitos y eso es parte de la fertilidad. Hicimos trabajos científicos…

—Se puede producir lo mismo, entonces.

—Nosotros en trigo cuando el año está para 5.000 kg sacamos 5.000. Con costos menores.

—¿Lo mismo en nuestros suelos vertisoles, arcilllosos?

—Mirá, cuando vine acá y Juan Pablo (Oppen) se acuerda, no sabían lo que era la vicia (familia de las alverjas). Empezamos a hacerla y anduvo espectacular. Y lo mismo he asesorado bastante tiempo acá en el Uruguay.

—¿Se vuelve a roturar la tierra o no?

—Depende del campo, la situación…

—Hay campos engramillados…

—A la gramilla la controlamos con vicia. La vicia le termina ganando y mejora el suelo. En realidad, el gramón viene porque el suelo está muy destruido. Y ese entramado lo hace para mejorar el suelo, lo que pasa es que va a tardar muchos años. Pero viene a defender el suelo. Nosotros le metemos herramientas y no le ganamos nunca a la naturaleza. Entonces cambiamos la óptica: si esto está degradado qué podemos hacer para mejorar la fertilidad. Y empezamos por el cultivo que mejora la fertilidad.

—¿Usan la rotación?

—Sí, claro. Tenemos de todo, pero el animal es muy importante. Cualquier cultivo que te sale más o menos, listo: se come con animales. No perdés plata nunca. Es fundamental porque aparte el suelo no solo que se alimenta y se fertiliza con las plantas, con los cultivos que vos hagas, sino también es importante la bosta y la orina. Por eso cuando un productor no tiene animales es un poquito más complejo y va a tener que poner un mango en algún rollo, alguna otra cosa, porque le faltan las vacas.

Nodos agroecológicos

—El Estado a través de estos organismos ¿está llegando a los municipios, a los productores?

—La Dirección Nacional de Agroecología tiene dos años y está llegando a todos.

—Si alguien tiene interés ¿puede solicitar una reunión?

—Mirá, primero seguimos fortaleciendo a los productores. El programa Cambio Rural es excelente. Tratamos que los productores se nucleen en Cambio Rural. Cuando empezamos la gestión en la Dirección había 16 grupos, hoy hay 140 en el país, en todas las provincias. Conviene hacer un grupo de productores que faciliten, el programa les da la posibilidad de tener un técnico que pueden elegir ellos.

—Pero ese técnico viene de la universidad que hasta ayer nomás sugería este sistema.

—Sí, pero se van capacitando, y nosotros capacitamos a los productores y a los técnicos de Cambio Rural. Nuestra capacitación está por ahí, no tan individualmente. Hemos avanzado muchísimo con los grupos de Cambio Rural. Después invitamos a los municipios a que fomenten la agroecología. Hoy tenemos 100 municipios que fomentan la agroecología en todas las provincias. Y después dijimos: tenemos que hablar con las facultades. Entonces hoy estamos organizando nodos agroecológicos territoriales con las facultades.

—Por ejemplo, a Paraná llegará pronto, en Oro Verde…

—No lo sabemos. Depende de la facultad. Nuestra idea es que en la facultad podamos incorporar la agroecología; sumamos municipios, productores, y hacemos un trabajo que se mantiene en el tiempo para avanzar con la agroecología en el lugar, en la región. Ya lo hicimos en Rosario, dentro de poco va a salir la publicación. Fueron tres días de 200 personas. Hace poco lo hicimos en Jujuy, se hicieron cincuenta eventos en tres días. En toda la provincia. De ahí ya vinieron alumnos de Salta, así que Salta se está preparando. A partir de lo que hicimos en Rosario vino la Facultad de Esperanza… Otro nodo. Luego lanzamos el prenodo de Misiones. Venimos trabajando con los cuatro valles de Mendoza y San Juan. También para hacer nodos. Vamos a lanzar el nodo Patagonia, ya estamos avanzando con los municipios del noroeste de Buenos Aires para otro nodo… Hay como ocho o nueve nodos en el país.

Los biopreparados

—¿Qué dirá Bayer, Monsanto…?

—No sé. Ellos están tratando de hacer productos para amigarse más con la naturaleza. Está bueno, y está bueno que el estado en algún momento le pueda decir a las empresas ‘che, investiguen este tipo de productos que nos interesan’. Hoy hay fábricas de biopreparados. Y el estado está acompañando. Son productos que se hacen con elementos que se encuentran en el campo, ortigas, paraíso… Hay municipios con fábricas de biopreparados. Gualeguaychú, Sabaya, Macachín, ahí el Ministerio de Obras Públicas de la Nación está poniendo galpones con calefones solares, tratamiento de efluentes, para generar mercados, fábricas de biopreparados. Senasa está por sacar una nueva reglamentación para este tipo de productos. El estado está en sintonía.

—Hubo en las últimas décadas una concentración de la tierra, muchos campesinos se marcharon. Falta de energía, de caminos, competencia con pooles… ¿Puede revertirse ese proceso?

—Lo que hemos visto en los productores agroecológicos es que van generando otras actividades. También tendríamos que pensar en regímenes laborales que se adapten a este modelo… Hay productores a los que les interesa compartir ganancia con sus empleados, otras formas de trabajo. Estamos generando un tipo de tambo doble propósito donde se genera mucha renta y se puede compartir con el empleado. Es más, el empleado trabaja medio día en el tambo, son tambos de un solo ordeño, y con 20 hectáreas el dueño del campo podría generar el sueldo de ese empleado. Y lo que vemos en estos grupos es que les interesa dar más trabajo. Eso pasa. Hay mucha gente que por distintas cuestiones se hace de un campito, porque lo heredó, muchas mujeres… y que dicen ‘no quiero más agroquímicos, quiero otra cosa’. Tenemos productoras.

—Jóvenes.

—Muchos…

—No se aprovechan los jóvenes de las escuelas agrotécnicas. No tienen un pedazo de tierra…

—Si los capacitan en las escuelas para el modelo predominante necesitas mucha guita: tractores, fumigadores, agroquímicos. Como no les enseñan… con la agroecología aparecen modelos muy interesantes de producción. Avícola, por caso. Con la red nacional de municipios que fomentan la agroecología tenemos más de 15 molinos harineros y fábricas de pastas y un montón de procesos que empiezan a darse, y un municipio como Gualeguaychú que inaugura mercados para la agroecología… estamos trabajando en sistemas participativos de garantía, para que haya un sello. Hay provincias como Misiones que ya tienen un sello provincial. Municipios que empiezan a poner un sello de la agroecología. Es un proceso, y creo que vamos bien.

Cerdá confía en que los grupos asociativos, las comunas y las facultades, apuntalarán el cambio.

Fuente: UNO

Fecha 24/05/2024

 

 

 

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