Agroecología a la carta: una mirada hacia el valle de Traslasierra

Por César Gramaglia

Hacia el oeste de la provincia de Córdoba se encuentra Traslasierra, una región geográfica ubicada a unos 200 kilómetros con respecto a la ciudad de Córdoba y flanqueada por las Sierras Grandes de los Comechingones. Abarca a los departamentos de Pocho, San Alberto y San Javier (unos 8000 kilómetros cuadrados), limitando con la parte occidental de las Altas Cumbres y con el este de la provincia de La Rioja. Presenta una alta diversidad fitogeográfica y sociocultural debido a la topografía del terreno, altitudes, tipos de suelos, disponibilidad de agua, características climatológicas y procedencia de sus habitantes.

En Traslasierra se pueden identificar tres ambientes agroecológicos con sus características particulares desde el punto de vista productivo, económico, social y ambiental.

Por un lado, se encuentra la zona del faldeo de las Sierras de los Comechingones que corresponde al corredor turístico que se desarrolla a lo largo de la ruta provincial N° 14, que va desde Salsacate, en el extremo norte, hasta La Paz, en la parte sur.

En esta área geográfica se encuentran sistemas productivos relacionados con la ganadería extensiva y la frutihorticultura. Existen establecimientos ganaderos que aprovechan los recursos naturales del bosque serrano y efectúan la siembra de especies forrajeras (pasturas de alfalfa, centeno, sorgos) en pequeñas parcelas irrigadas. Además, se encuentran emprendimientos familiares dedicados a la producción de carne y leche caprina, con agregado de valor en origen. También existen agricultores familiares que se dedican a la producción de hortalizas, aromáticas y medicinales utilizando un sistema precario de riego superficial por surcos y efectuando la venta directa a los mercados mayoristas.

En relación a la fruticultura, existen en esta zona plantaciones de viñedos, olivares, nogales, frutales de carozo (duraznos, ciruelas, damascos) y frutales de pepita (manzanos, perales, membrillos). El manejo agronómico se basa generalmente en la utilización de productos químicos de origen sintético para la nutrición de las plantas frutales (fertilizantes artificiales nitrogenados y fosforados) y para el control de las malezas, las plagas y las enfermedades. Se implementan diferentes sistemas de riego (por surcos, por goteo y microaspersores) aprovechando el agua proveniente de los arroyos serranos, o bien de las napas freáticas mediante la realización de perforaciones a diferentes profundidades y la instalación de bombas eléctricas para su extracción y distribución en las parcelas productivas.

Este modelo de producción genera altos costos debido a la dependencia de insumos químicos cuyos precios se encuentran dolarizados. Además, la manipulación de los agroquímicos afecta la salud de las personas involucradas en los procesos productivos y a la calidad de los productos alimenticios. Por otra parte, su uso indiscriminado produce ciertas externalidades, tales como el aumento de la aparición de resistencia de las malezas, las plagas y las enfermedades, la contaminación del suelo, el agua y el aire y daños sobre la salud pública a través de los efectos ocasionados por las derivas en el ambiente.

Existen también en esta zona proyectos productivos con certificación orgánica y biológico-dinámica vinculados con el turismo, por ejemplo, viñedos y bodegas asociadas a servicios de alojamiento (cabañas, hosterías). Estos sistemas de producción frutícola, en términos generales, se encuentran relacionados a inversiones realizadas por capitales provenientes de otras zonas geográficas de nuestro país y del exterior.

Estas inversiones han generado un impacto social y cultural en las comunidades, ya que muchos agricultores familiares dejaron sus actividades vinculadas con la crianza de animales domésticos, la producción de frutas y verduras frescas, para trasladarse hacia los centros urbanos más próximos y comenzar nuevos trabajos asociados con la construcción (peones de albañil) y el turismo (mantenimiento de espacios verdes). Es decir, estas inversiones inmobiliarias han generado un desarraigo rural y una fuerte erosión sociocultural. Además, los productos ecológicos se comercializan a elevados precios finales y destinados a los visitantes esporádicos de alto poder adquisitivo.

Por otra parte, se encuentra la zona de regadío que abarca unas 24 mil hectáreas destinadas principalmente al cultivo de la papa. Se realizan unas 15 mil hectáreas por año de esta hortaliza pesada, de las cuales un 33 por ciento de la superficie corresponde a la siembra semitemprana (fines de julio/principios de agosto) y un 66 por ciento a la siembra tardía (fines de febrero/principios de marzo). Esta doble cosecha es posible debido al largo período libre de heladas de la zona (240 días).

En la zona periurbana de Villa Dolores existe un cinturón verde ocupado por agricultores familiares que se dedican a la producción de verduras de raíces (ajo, cebolla, remolacha, zanahoria), hojas (lechuga, acelga, repollos, rúcula), flores (brócoli, coliflor) y frutos (tomate, pimiento, berenjena, poroto, maíz) con una superficie relativamente pequeña (entre dos y cuatro hectáreas por finca).

Los hijos de los quinteros generalmente dejaron las tareas rurales y se dedican a diferentes actividades urbanas (docencia, fuerzas de seguridad, empleos municipales) comprometiendo seriamente la sustentabilidad de los sistemas productivos. Además, en la zona bajo riego existen productores relacionados con la producción de alfalfa para comercializarla en forma de heno (fardos y rollos) y, también, empresas agropecuarias relacionadas con la producción de los cultivos agrícolas extensivos, tales como, trigo, maíz, soja y algodón.

El 50 por ciento de la superficie se riega en forma superficial y por surcos, mientras que la otra mitad se riega por aspersión mediante la extracción del agua subterránea a través de bombas eléctricas y perforaciones que presentan caudales de unos 200.000 litros/hora. El modelo de producción de la zona irrigada corresponde a una agricultura industrial, es decir, altamente dependiente de eventos transgénicos y los insumos químicos, con baja eficiencia de aprovechamiento del agua para riego, elevados costos económicos y externalidades negativas sobre la salud de las personas y el ambiente.

Durante los últimos veinte años se ha producido la desaparición de una importante cantidad de pequeños y medianos productores, con una fuerte tendencia a la concentración del capital agrario, lo cual amplía la brecha económica entre los diferentes estratos sociales.

Finalmente, se encuentra la zona de secano relacionada con las familias productoras que aprovechan los recursos del bosque nativo. Se dedican a la producción animal (crianza de ganado caprino, ovino y vacuno), extracción de leña, producción de miel y la recolección de hierbas nativas. Estos espacios productivos se encuentran amenazados por el avance de la frontera agrícola mediante el desmonte ilegal, la instalación de equipos de riego por aspersión y la implementación de una agricultura convencional, extractivista, industrial y contaminante que afecta la sustentabilidad de los sistemas de producción.

El trabajo del INTA en apoyo a la agroecología

 

Ante estas diferentes problemáticas socioambientales, desde el INTA Villa Dolores desarrollamos distintas actividades para acompañar a los proyectos productivos con un enfoque agroecológico. Entre ellas, es importante mencionar:

• Apoyamos a los agricultores familiares y campesinos para lograr productos alimenticios sin la utilización de productos fitosanitarios de síntesis química, estimulando la transformación de estos productos agroecológicos dentro de sus fincas, es decir, agregarle valor en origen para mejorar los indicadores económicos.

• Colaboramos en la organización de canales alternativos para la venta directa de los productos provenientes de la agricultura familiar y campesina, tales como las ferias francas y el armado de bolsones de verduras de estación, con el objetivo de acortar la distancia entre los productores y los consumidores logrando un precio más justo.

• Promovemos los encuentros entre los agricultores urbanos, periurbanos y rurales para favorecer el intercambio de semillas criollas y otros propágulos (raíces, bulbos, tubérculos, esquejes) con la finalidad de incrementar la biodiversidad genética y aumentar la sustentabilidad de los sistemas productivos.

• Organizamos charlas técnicas, talleres y cursos de formación sobre agroecología, destinados a los técnicos y los productores, con el objetivo de facilitar el diseño, el manejo y la evaluación de agroecosistemas sustentables.

• Coordinamos visitas guiadas a diferentes emprendimientos agroecológicos, destinadas a los agricultores, los profesionales y los estudiantes avanzados de las carreras de agronomía con el propósito de favorecer el intercambio de conocimientos y experiencias prácticas sobre la producción de alimentos saludables.

• Desarrollamos parcelas demostrativas a campo de los productores para implementar un manejo agroecológico de los cultivos, respetando las condiciones habituales de trabajo en la zona, con el objetivo de demostrar en forma práctica la factibilidad productiva y económica de las distintas actividades intensivas y extensivas (papa, orégano, trigo, vides) reduciendo el impacto sobre la salud del ambiente y de las personas.

• Generamos, semanalmente, audios para transmitirlos a través de unas diez radios alternativas y comunitarias que abarcan todo el territorio de Traslasierra, con el objetivo de compartir las novedades y las actividades desarrolladas en la zona de influencia.

• Creamos el Consejo para la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena, a partir de la sanción de la Ley 27.118, relacionada con la reparación histórica de la agricultura familiar para la construcción de una nueva ruralidad en la Argentina. Este espacio de trabajo se encuentra integrado por representantes de asociaciones de productores hortícolas y caprinos, la Unión Campesina de Traslasierra (UCATRAS), organismos públicos provinciales (Ministerio de Agricultura de la Provincia de Córdoba) nacionales (INTA, SENASA, Secretaría de Agricultura Familiar).

• Además, articulamos en el Territorio con profesionales del INTI (Delegación Cruz del Eje) y las Universidades Nacionales de Córdoba, Villa María y Río Cuarto.

• Integramos la REDAE (Red de Agroecología del INTA) que aglutina a un grupo de técnicos investigadores y extensionistas distribuidos en todo el territorio nacional, cuyo objetivo es gestionar el desarrollo de conocimiento específico e integrado para el diseño y el manejo de base agroecológica de agroecosistemas sustentables.

• Creamos la Diplomatura Universitaria en Agroecología con énfasis en zonas áridas y semiáridas de Argentina, en la Universidad Nacional de los Comechingones (Villa de Merlo, San Luis), destinada a los profesionales de las ciencias agropecuarias. Esta propuesta se encuentra organizada en cuatro módulos, con una duración de ocho meses y su objetivo es ofrecer una trayectoria de formación integral y práctica en agroecología, para el desarrollo de un sistema agroalimentario global sustentable. Cuenta con los avales de la RENAMA (Red Nacional de Municipios y Comunidades que fomentan la Agroecología), la SAAE (Sociedad Argentina de Agroecología) y la SOCLA (Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología).

A lo largo de estos años de trabajo han florecido muchas experiencias agroecológicas en el valle de Traslasierra, que a la vez han sido fuente de inspiración para que la agroecología se multiplique. A continuación describiremos algunas de ellas.

Cabañas y Chacra Churrinche

 

En la zona del faldeo de las sierras se encuentra este emprendimiento agroturístico en la localidad de San Javier, ocupando cuatro hectáreas dedicadas a la producción de frutos secos (nogales), frutales de carozo (duraznos, ciruelos) y frutales de pepita (variedades de manzanos de bajos requerimientos de horas de frío). Además, dispone de gallinas ponedoras y llamas para aprovechar las especies herbáceas que crecen en los espacios interfilares. Se brindan también aquí servicios de alojamiento a través de dos cabañas totalmente equipadas ofreciendo los productos agroecológicos procedentes del espacio productivo (nueces, dulces de frutas, huevos, panes caseros, hierbas aromáticas desecadas).

Para incrementar la biodiversidad se han introducido diferentes especies de árboles frutales y, además, distintas variedades dentro de una misma especie. De esta manera, se amplía la época de la cosecha, se reducen los riesgos abióticos, bióticos y económicos, se evita la concentración de las tareas rurales (por ejemplo, la recolección) y se distribuye mejor el flujo financiero. Se armaron corredores biológicos mediante la utilización de distintas especies de aromáticas y medicinales (lavanda, cedrón, salvia, romero) con la finalidad de generar refugios para los insectos benéficos (polinizadores, predadores y parasitoides) y regular la población de los insectos perjudiciales. Se aplica agua de riego a través de un sistema localizado de microaspersores, y se aprovecha el sistema de fertirriego para la aplicación de biofertilizantes líquidos elaborados a nivel intrapredial.

Además, se producen biofungicidas y bioinsecticidas para controlar en forma preventiva a las enfermedades y las plagas que afectan a los árboles frutales. En este proyecto se mantienen las especies nativas que integran el bosque serrano y en la zona de los bordes se permite además que se desarrolle la vegetación espontánea, con el objetivo de conservar la biodiversidad y favorecer la regulación biótica en el espacio productivo.

Nuestras granjas unidas

 

En la Pampa de Pocho se encuentran diez familias productoras que decidieron trabajar en forma conjunta y organizada (Nuestras Granjas Unidas) con el objetivo de lograr alimentos sanos para cubrir las necesidades básicas, agregarle valor en origen y comercializar los excedentes de la producción a nivel local, a través de la venta directa en las chacras y de las ferias francas (por ejemplo, Mina Clavero).

Estos agricultores familiares reciben el apoyo técnico de un profesional de la actividad privada y, además, de las diferentes instituciones públicas que trabajan en el territorio, a través del acompañamiento y el otorgamiento de ayudas financieras destinadas a la inversión de capital para impulsar la producción de alimentos de origen animal (huevos, carne, leche, miel) y vegetal (hortalizas, frutas, aromáticas y medicinales) con base agroecológica.

En estos años han logrado avances significativos en cuanto a la consolidación de esta experiencia productiva con un fuerte perfil social. Entre ellos, se gestionaron fondos económicos para la construcción de cisternas de placas, con el objetivo de almacenar el agua de lluvia y destinarla al consumo familiar y a la producción de alimentos. Se compraron también equipos solares para la instalación de alambrados eléctricos, con el fin de mejorar el aprovechamiento de los recursos forrajeros de las especies naturales y las implantadas.

Además, se construyeron invernaderos para destinarlos a la producción de verduras durante los largos períodos de fríos que ocurren en esta pampa de altura (entre 1000 y 1200 metros sobre el nivel del mar). Se armaron también sistemas de riego localizado para aumentar la eficiencia de aprovechamiento del agua. Se realizó la adquisición de una sembradora directa autopropulsada con un sistema de dosificación neumática para destinarla a la siembra de especies de hortalizas y forrajeras.

Asimismo, se organizaron espacios de capacitación técnica relacionados con la elaboración de insumos biológicos para aplicarlos a la agricultura. Esta actividad motivó la creación de un espacio dedicado a la producción y comercialización de los bioinsumos (cooperativa Caranday) para cubrir las necesidades de los agricultores que han tomado la decisión de sustituir los productos químicos, con el objetivo de lograr alimentos más sanos.

Por otra parte, es importante destacar que estas familias pertenecen a la organización social y política Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), teniendo el objetivo de articular con los agricultores familiares de diferentes zonas geográficas de Argentina para desarrollar distintas actividades que les permiten abordar aspectos técnico-productivos, económicos, sociales, culturales, políticos y ambientales.

Finca Las Palmeras

 

En el área periurbana de Las Tapias, se encuentra la finca Las Palmeras, de unas seis hectáreas dedicadas a la producción de hortalizas con un enfoque agroecológico. La familia productora siembra a lo largo del año diferentes especies hortícolas de raíces, hojas, flores y frutos para comercializarlas en forma directa mediante la visita de los consumidores a la finca, el armado de bolsones de verduras de estación y la participación en diferentes ferias francas (San Javier y Mina Clavero). Además elaboran diferentes conservas de verduras, tales como salsa de tomate.

Por otra parte, se dedican a la crianza de gallinas ponedoras y cerdos, con el objetivo de aprovechar los beneficios ecológicos sobre el agroecosistema (reciclaje de nutrientes, producción de materia orgánica, control de las hierbas espontáneas y de las plagas del suelo, remoción y aireación de la capa superficial del suelo, aprovechamiento de los residuos orgánicos de la finca) y de diversificar los productos, mediante la implementación de un manejo agronómico de bajos costos económicos y ecológicos.

Se elaboran en forma artesanal diferentes bioinsumos para aumentar la fertilidad de la tierra (bocashi, biofermentos) y controlar las distintas plagas y enfermedades que afectan a los cultivos (caldo bordelés, sulfocálcico, caldo ceniza, decocción de cola de caballo).

A su vez, se armaron corredores biológicos integrados por diferentes especies de árboles frutales, con el propósito de incrementar la biodiversidad genética, espacial, vertical, temporal y funcional para aumentar la sustentabilidad del sistema de producción agroecológica. Esta familia productora, además, también integra el Movimiento de Trabajadores Excluidos rama rural de la zona oeste de la provincia de Córdoba.

Parcela 33

 

En la zona bajo riego, ubicada a unos 24 kilómetros hacia el oeste de la ciudad de Villa Dolores, hemos tenido la oportunidad de realizar una parcela demostrativa en el campo de una familia productora, en la zona Los Cerrillos, relacionada con la implantación y el manejo de un cultivo de papa (principal actividad económica) sin la utilización de agroquímicos ni fertilizantes artificiales. Para ello se han destinado unos 2500 metros cuadrados, respetando las condiciones habituales de trabajo en la zona de influencia, en relación a la preparación de la cama de siembra, variedad utilizada, época de siembra, densidad de siembra, sistema de riego superficial y por surcos, labores culturales y método de recolección.

La siembra se realizó en el mes de agosto de 2019, utilizando la variedad Spunta (el cultivar más producido en Argentina para destinarlo al mercado de consumo fresco) y aplicando un abono orgánico sólido como fertilizante arrancador. Durante la etapa vegetativa se ha efectuado la aplicación de un fertilizante orgánico líquido y, además, se han utilizado bioinsecticidas y biofungicidas para el control preventivo de plagas y enfermedades que afectan el potencial de producción de la papa. Estos bioinsumos se han elaborado a nivel intrapredial, con la finalidad de reducir los costos de producción.

Los rendimientos alcanzados han sido similares a la media zonal, que oscila entre las 30 y 35 toneladas por hectárea. Por otra parte, la sustitución de los insumos químicos por los biológicos ha permitido bajar los costos de producción, logrando un muy buen resultado económico (se logró un margen bruto de 2500 dólares por hectárea) y demostrando empíricamente la viabilidad técnico-productiva y económica del cultivo de la papa con una mirada ecológica.

Manejo del monte nativo

 

En la zona del bajo o de secano acompañamos a las familias productoras para realizar un manejo responsable de los recursos provenientes del monte nativo. Para ello, realizamos capacitaciones técnicas sobre la elaboración artesanal de suplementos nutricionales, con la finalidad de lograr un mejor estado sanitario de los animales cubriendo sus requerimientos alimenticios a través del aporte en la dieta diaria de alimentos concentrados ricos en energía, proteínas, probióticos y minerales. Esta nutrición animal equilibrada se traduce en mejores indicadores productivos (ganancia diaria de peso, producción de leche), reproductivos (porcentaje de preñez y de destete) y económicos (costos directos, ingresos netos por año).

Además, la utilización estratégica de los suplementos nutricionales nos permite aprovechar en forma sustentable los recursos naturales, reducir los costos económicos, minimizar el impacto ambiental y producir alimentos de alta calidad nutricional cuidando la salud de las familias productoras y de los consumidores responsables.

Concluyendo

 

Consideramos que la agroecología es una ciencia transdisciplinaria, que se nutre a través de los aportes realizados por diferentes disciplinas (agronomía, economía ecológica, sociología, etnoecología) y los saberes de los agricultores. Permite abordar múltiples dimensiones relacionadas con los aspectos técnico-productivos, económicos, ecológicos, sociales, culturales y políticos mediante la implementación de un trabajo multiescalar haciendo foco en el análisis de un sistema de cultivo, para evaluar su estado de salud, pero, al mismo tiempo, ampliando la mirada a nivel de agroecosistema y su relación con el paisaje agroecológico de una región determinada.

Además, la agroecología es pluriepistemológica, es decir, integra diferentes epistemias, o sea, diferentes formas de generar los conocimientos. No hay una sola forma de agroecología, no hay una sola forma de analizar la agroecología, ya que integra diferentes visiones de la generación de los conocimientos. La agroecología no es intensa en insumos sino en la generación de estos entenderes, cómo se relacionan, cómo funcionan, cómo se establecen diferentes tipos de sinergias. Por ello, la agroecología es un espacio de diálogo y de construcción de conocimientos que permite realizar prácticas aplicadas al diseño y el manejo de los agroecosistemas tendientes a modificar el actual sistema agroalimentario global.

La agroecología no es un monocultivo con la sustitución de insumos químicos por biológicos, ni la aplicación de prácticas agroecológicas aisladas (por ejemplo, la siembra de cultivos de servicios y la realización de un secado químico para cortar su ciclo productivo) ni un conjunto de recetas o paquetes tecnológicos. No busca los precios «premium» ni la elitización de los mercados. No se plantea el desarrollo de mercados orgánicos corporativos. No se trata de implementar ciertos procesos ecológicos que involucran la exclusión social en cualquier etapa del sistema alimentario (por ejemplo, la precarización laboral). Tampoco consiste en la incorporación de procesos ecológicos y económicos que mantengan el status quo social y político en los territorios.

La agroecología es movimiento, ya que se considera fundamental la participación ciudadana a través de las diferentes organizaciones sociales y políticas para el fortalecimiento de la soberanía alimentaria, tecnológica y energética, con el objetivo de trabajar para el desarrollo de las economías regionales sustentables.

El libro “Agroecología a la carta” (UniRío Editora, 2022) se puede descargar en este link.

Fuente: Tierra Viva Agencia de Noticias

30/01/2023

 

Suscribite a nuestro Newsletter

Contacto

Redes Sociales

Copyright © 2023 Ecourbano. Todos los derechos reservados