Un nuevo informe dibuja un escenario crítico, con un océano cada vez más ácido, una subida récord del nivel del mar y una biodiversidad al límite, desde los corales tropicales hasta los pingüinos emperador.
El océano mundial se está transformando a un ritmo vertiginoso, dejando a las comunidades costeras y a los frágiles ecosistemas marinos en la primera línea de la crisis climática. Esta es la advertencia que lanza la décima edición del Informe Copernicus sobre el Estado del Océano (OSR10), elaborado por Mercator Ocean International. Con la contribución de más de 600 especialistas y la colaboración de decenas de organizaciones científicas de decenas de países, la evidencia recopilada demuestra que las alteraciones en la física y biología del océano se están propagando a una velocidad nunca antes vista.
Calor sin precedentes y aguas cada vez más ácidas
Durante la última década, los indicadores clave del estado oceánico han batido récords de forma sistemática. El océano, que funciona como el gran termostato de la Tierra, ha absorbido aproximadamente el 90% del exceso de calor generado por las actividades humanas. Además, la velocidad de este calentamiento se ha duplicado en las últimas dos décadas, alcanzando temperaturas superficiales globales récord entre 2023 y 2026. En 2025, el océano absorbió un volumen de calor adicional récord de 23 zettajulios, lo que equivale a casi 40 veces toda la energía consumida por la humanidad en ese mismo año.

Esta inyección masiva de energía térmica acelera la subida del nivel global del mar. Entre 1999 y 2025, el nivel medio del mar se elevó a un ritmo de 3,8 mm al año, pero entre 2012 y 2025 esa tasa se disparó hasta los 4,2 mm anuales. De forma paralela, la absorción del exceso de dióxido de carbono atmosférico provocó que el océano fuera un 17% más ácido en 2025 que en 1985, amenazando la estructura misma de las redes tróficas marinas.
Europa, en el epicentro de los fenómenos extremos
El calentamiento global se traduce en olas de calor marinas y tormentas cada vez más intensas y destructivas. En 2024, el mar Mediterráneo y el mar Negro sufrieron olas de calor marinas que rompieron todos los registros previos. Algunos de estos episodios se prolongaron durante más de 30 días, registrando anomalías de temperatura que superaron en 4,6 ºC los valores medios.
La intensidad de las olas de calor marinas se ha duplicado en la última década, y la superficie afectada en el Mediterráneo se ha multiplicado casi por cinco. Al analizar los datos combinados, los investigadores descubrieron que estas olas de calor no se limitan a la superficie, sino que penetran hasta 40 metros de profundidad, revelando un calor oculto que amenaza silenciosamente a los ecosistemas.
Los polos y los Estados insulares
En el Ártico, las temperaturas de la superficie del mar han aumentado 4,2 °C en los últimos 40 años, mientras la cubierta de hielo disminuye a un ritmo del 4% por década. Este deshielo deja al descubierto las costas polares, provocando que el 60% de las infraestructuras costeras árticas sea actualmente vulnerable a la erosión. En el mar de Barents, el proceso de «atlantificación» sufrió un paréntesis temporal de desalinización entre 2016 y 2022 por el aporte de hielo y agua dulce.
En el polo opuesto, la Antártida registró en 2022 un mínimo histórico de hielo marino que coincidió con un fracaso reproductivo masivo sin precedentes en las colonias de pingüino emperador, una clara advertencia de cómo la pérdida de hábitat está destruyendo la fauna dependiente del hielo.
Más cerca del ecuador, los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID) enfrentan una vulnerabilidad existencial. Desde 1999, el 65% de las áreas de sus zonas económicas exclusivas están directamente expuestas a la aceleración del nivel del mar. Casi el 28% de sus aguas albergan arrecifes de coral amenazados o en peligro crítico, ecosistemas vitales que reducen el impacto del oleaje y sostienen economías enteras. La pérdida de estos corales multiplica los riesgos de inundación costera y la inestabilidad alimentaria y económica, ya que en algunos de estos países los arrecifes representan más del 20% del PIB.

De los datos a la acción climática
Pese a la gravedad del diagnóstico, el informe insiste en el poder de la ciencia para la adaptación. Pierre Bahurel, director general de Mercator Ocean International, subraya que “el océano se transforma ante nuestros ojos”, por lo que resulta esencial convertir los datos espaciales en «inteligencia oceánica» que permita a los gobiernos anticiparse a los desastres. Por su parte, el comisario europeo de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius, ha remarcado el papel estratégico del programa Copernicus y de iniciativas como OceanEye para fortalecer la resiliencia y respaldar la futura Ley del Océano (Ocean Act) de la Unión Europea.
Acerca del Servicio Marino de Copernicus
El Servicio Marino de Copernicus es uno de los seis servicios de Copernicus, el Programa de Observación de la Tierra de la Unión Europea. Financiado por la Unión Europea, el servicio realiza análisis y predicciones oceánicas. El Servicio Marino de Copernicus proporciona información de referencia periódica y sistemática sobre el océano azul (físico), blanco (hielo marino) y verde (biogeoquímico y biológico), tanto a escala mundial como europea. Sus datos y productos respaldan políticas clave de la UE e internacionales y contribuyen a los esfuerzos de reducción de la contaminación, protección marina, seguridad y optimización de rutas marítimas, gestión sostenible de los recursos, energías renovables marinas, crecimiento azul, vigilancia del clima y predicción meteorológica. El servicio también trata de sensibilizar a la población proporcionando a la ciudadanía de Europa y de todo el mundo información accesible sobre cuestiones oceánicas.











