Cuidan montes y animales en la puerta al Tempe Argentino
23/07/2021 | El establecimiento “Santa Adelina” ubicado en la zona de Puerto Ruiz, declarado Área Protegida recientemente, reúne especies nativas, trabajo ganadero, artes y saberes ancestrales en interacción, al sur de Gualeguay.

Por Daniel Tirso Fiorotto 

El portal de El Tempe Argentino que pint√≥ Marcos Sastre se llama Santa Adelina y desde hace poquito es √°rea natural protegida, pegadita a Puerto Ruiz, cuna de Juan L. Ortiz. 

Patria del ceibo y el pajonal, del chaj√° y los carpinchos, el sur entrerriano da para lo peor y lo mejor como sabemos desde el Viaje al pa√≠s de los Matreros, de Fray Mocho. Pero antes fue all√≠ donde Marcos Sastre supo ver el coraz√≥n hospitalario de la comunidad islera y explicarlo al detalle en El Tempe Argentino. 

El caso que nos ocupa se enfoca en esa hermandad del ser humano con sus pares y con el resto de las manifestaciones de la vida, como cuadra a las nuevas miradas ecologistas, en sinton√≠a con la herencia de nuestros pueblos ancestrales bien incorporados en el paisaje. 

Dicen que todo el delta ha sido el nido de cientos de familias por dos mil a√Īos, situadas en mont√≠culos, y no pocas de ellas emparentadas con pueblos del Amazonas a su vez derivados de Centroam√©rica, es decir: aquellos primeros humanos que hall√≥ Crist√≥bal Col√≥n al tropezar con estar tierras del Abya yala hace poco m√°s de 500 a√Īos. 

Un cachito m√°s al sur de Santa Adelina, los guaran√≠es divisaron unas embarcaciones raras y, seg√ļn testimonios poco veros√≠miles, por una extra√Īa condici√≥n premonitoria tomaron a algunos de los viajeros y los echaron a la olla. Fue el destino bien conocido de Juan D√≠az de Sol√≠s. En fin, si tendr√° historia la regi√≥n.

 

R√≠o y espinal 

Carlos Julio Weber es ingeniero agr√≥nomo y militante de centros de estudio y asambleas ambientales de la regi√≥n. En el ejercicio de la profesi√≥n sab√≠a construir terrazas para evitar la erosi√≥n, con el recordado Egidio Scotta. 

Nacido en Larroque, Weber ha puesto empe√Īo desde hace a√Īos en la preservaci√≥n de la naturaleza de un predio de 130 hect√°reas en Puerto Ruiz, a 10 kil√≥metros de Gualeguay, y luego de cumplir con una serie de tr√°mites hace pocas semanas alcanz√≥ un acuerdo con la Secretar√≠a de Ambiente de la provincia para sumar ese bello establecimiento al sistema de √°reas naturales protegidas. 

Se trata de un campo junto al r√≠o Gualeguay, que conserva ejemplares de espinillo, √Īandubay, algarrobo, sauce criollo, ceibo, cha√Īar, sarandisales, y donde habitan o se alimentan cardenales, bigu√°s, chaj√°s, tacuaritas azules, patos varios, cuervillos, garzas. Aunque el sistema provincial de √°reas naturales abarca ya m√°s de un mill√≥n y medio de hect√°reas, √©sta es la primera reserva mixta del departamento Gualeguay, uno de los que poseen mayor espacio ocupado por campos bajos e islas junto con Ibicuy y Victoria. 

En Gualeguaych√ļ, en cambio, existen siete √°reas naturales protegidas: Las Piedras, el Parque Flor√≠stico, la Isla Banco de la In√©s, Senderos del Monte, La Serena del Gualey√°n y la reserva de Termas del Guaych√ļ, con unas 1.500 ha en total, a las que se agrega la estancia El Potrero con 18.000 hect√°reas. 

Hace pocos a√Īos, Weber protagoniz√≥ con la vecindad de Gualeguay encuentros de resistencia a proyectos extractivistas en la zona, y entre tantas reuniones y di√°logos fue imaginando la protecci√≥n en el campito que adquiri√≥ su padre hace m√°s de medio siglo y que √©l frecuent√≥ de gurisito. Y bien: las ideas cuajaron y son un hecho. 

La declaración de área natural incluye la prohibición de la caza y la pesca comercial; el uso del fuego para el control de pastizales, o de herbicidas e insecticidas; también acuerda la no introducción de especies de la flora y la fauna exóticas, y la no extracción de especies de la flora y fauna autóctonas; y la conservación de ambientes, entre otros compromisos mutuos. Eso no impide la ganadería, una producción clásica de éste y otros predios por el estilo en la zona, aprovechando los pastos naturales.

 

Ecolog√≠a de saberes 

En Santa Adelina suelen reunirse estudiosos de la agronom√≠a y la biolog√≠a, m√ļsicos, compositores, por las relaciones de Weber con distintas agrupaciones. En Paran√°, el larroque√Īo ha militado en organizaciones de defensa del ambiente y centros de estudios basados en saberes ancestrales y en la revoluci√≥n federal, y ha participado de los actos realizados en el Espinillo en fechas conmemorativas del artiguismo, incluso cuidando el lugar donde est√° plantado el monolito que recuerda la conocida Batalla. 

El campito se ha convertido en un espacio apropiado para el pensamiento ecol√≥gico que, as√≠ como atiende la preservaci√≥n de especies nativas de vegetales y animales y el suelo mismo, vincula la naturaleza con las artes, la historia, las luchas sociales, la organizaci√≥n, los saberes, en suma. 

‚ÄúEl campo de interacciones pr√°cticas en que se realiza la ecolog√≠a de saberes exige que el lugar de la interpelaci√≥n de los saberes no sea un lugar exclusivo de los saberes, por ejemplo, universidades o centros de investigaci√≥n. El lugar de enunciaci√≥n de la ecolog√≠a de saberes son todos los lugares donde el saber es convocado a convertirse en experiencia transformadora‚ÄĚ, dice el soci√≥logo Boaventura de Sousa Santos. 

Un lugar en silencio, con espacio para aves, peces, distintas especies del monte, sin otro techo que las estrellas, y abierto a distintos conocimientos (ciencia, poes√≠a, m√ļsica, alimentaci√≥n, tradiciones), es un √°rea natural protegida no s√≥lo contra la uniformidad que impera en el sistema sino tambi√©n contra la uniformidad del pensamiento y los saberes, es decir: un campo emancipado de ese pensamiento abismal, que describe Sousa Santos como un colonialismo del saber, donde todo lo que no cuadra en el sistema impuesto queda en un abismo, invisibilizado. 

‚ÄúEntre R√≠os tiene un r√≠o que es su calle principal/ hecha de escamas y trinos, de monte y de pajonal‚ÄĚ, canta V√≠ctor Vel√°zquez. ‚ÄúCuando no hay soles ni lunas, lo alumbra la claridad/ del esp√≠ritu entrerriano, a mi r√≠o Gualeguay‚ÄĚ.

 

El chaj√° 

Dice Marcos Sastre sobre el chaj√°: ‚Äúnacida para vivir en las llanuras, a la margen de las lagunas y los r√≠os, apacent√°ndose en bandadas, con instinto gregal como los reba√Īos y las aves sin vuelo, corriendo por el suelo con sus pollos como las gallinas, y aliment√°ndose exclusivamente de hierbas, es, sin embargo, amiga de vivir aisladamente en familia, es valiente, poderosa y voladora. Tiene la facultad de remontarse como el √°guila y el c√≥ndor y sostenerse mejor que ellos en las regiones elevadas de la atm√≥sfera, por la rara propiedad que goza de aligerarse dilatando su cuerpo exteriormente. C√ļbrelo todo √©l un conjunto de ves√≠culas que, infladas a voluntad del p√°jaro por un gas exhalado de su interior, le dan enorme volumen‚Ķ Tanto la hembra como el macho son mon√≥gamos, es decir, que la uni√≥n de los sexos es singular e indisoluble‚ÄĚ. 

Marcos Sastre escribi√≥ El Tempe Argentino desde el delta hace m√°s de 170 a√Īos, y con √©l seguimos aprendiendo de garzas, chaj√°s, comadrejas, avispas, tortugas, peces, mamboret√°s, islas, seres humanos del delta. ‚ÄúLa hospitalidad es el rasgo m√°s caracter√≠stico del isle√Īo‚Ķ En los campos y en las islas del Paran√° y el Uruguay y el Plata, como en los pueblos antiguos, el hu√©sped es siempre acogido con respeto y alegr√≠a, servido y obsequiado con perfecto desinter√©s‚ÄĚ, dice el estudioso. Titul√≥ El Tempe a su libro en memoria de la regi√≥n insular de Grecia llamada as√≠. Medio siglo despu√©s, el gualeguaychuense Fray Mocho escribi√≥ Viaje al Pa√≠s de los Matreros y mostr√≥ la misma cara de los isleros, su generosidad a toda prueba, m√°s otras caras de los guarecidos en los pajonales enemistados con la ley. 

‚ÄúQu√© curioso y qu√© original es este gran r√≠o que lucha desesperado por ensanchar sus dominios! C√≥mo se defiende la tierra de sus ataques y c√≥mo avanza, tenaz y cautelosa, aprovechando la menor flaqueza de su adversario y con qu√© orgullo tremola, como un pend√≥n de triunfo, la florescencia vistosa y fragante de la vegetaci√≥n que alimenta! Aqu√≠, el r√≠o impetuoso arranca de cuajo un pedazo de isla y le arrastra mansamente, desmenuz√°ndole hasta dejar en descubierto los tallos trenzados... All√°, va a tenderlo como un rompe-olas, ante un seibo... o lo estrella con fuerza sobre el tronco rugoso de un sauce sin hojas, paradero habitual de los enlutados bigu√°es encargados de la vigilancia en la comarca‚ÄĚ. 

Es un párrafo de Fray Mocho con referencias a la misma vegetación que intenta preservar hoy Santa Adelina.

 

Avanza la protecci√≥n 

Si bien Entre R√≠os est√° lejos de lograr corredores biol√≥gicos que faciliten la vida y el intercambio de las diferentes especies, las √°reas protegidas como Santa Adelina son una noticia alentadora. 

En el extremo opuesto, a orillas del Guayquirar√≥, se encuentra por caso el √°rea Don Sebasti√°n que da cobijo en 1.800 hect√°reas al cardenal amarillo, el aguar√° guaz√ļ, el yaguarund√≠, la vizcacha, el yacar√©, el viracho, en fin. 

Bien cerquita de Paran√° est√° el Parque Escolar Rural Enrique Berduc, con 600 hect√°reas protegidas en jurisdicci√≥n de La Picada. 

M√°s en el centro del territorio provincial encontramos el establecimiento La Lydia, con 1.648 hect√°reas de montes naturales y 360 hect√°reas de chacras. All√≠ se practica la ganader√≠a en armon√≠a con el bosque nativo. Es una muestra del Espinal; algarrobales, caranday, aves del monte y de los ba√Īados en convivencia. 

En las √°reas naturales interact√ļan diversas organizaciones e investigadores y el mismo Estado a trav√©s de la Secretar√≠a de Ambiente. El Club de Amigos de las Aves Silvestres de Entre R√≠os es un ejemplo. Los avistajes de aves, los relevamientos, los inventarios, la educaci√≥n desde la ni√Īez para proteger las especies, son algunas de sus actividades habituales. 

Fuente: UNO

Red Escuelas Verdes
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