Raúl Montenegro: “Nuestro fracaso como especie es inexorable”
09/09/2021 | El biólogo argentino habla sobre el futuro de la bioesfera, el peligro del crecimiento descontrolado y la necesidad de ensuciarse los zapatos con barro.

Debo confesar que la primera foto que vi de Ra煤l Montenegro (C贸rdoba, Argentina, 1949), m谩s all谩 de la que aparece en su perfil de Wikipedia, me sorprendi贸. Nadie est谩 libre de cargar de prejuicios su propia mochila, y en la m铆a, los catedr谩ticos que superan los 70 a帽os de edad no conservan una cabellera tan frondosa, tampoco la llevan larga, ensortijada y brillantemente canosa, y mucho menos visten una llamativa camisa violeta ni tienen el cuello rodeado por una gargantilla de gruesas cuentas. Pero el caso de este profesor de Biolog铆a Evolutiva rompe moldes all铆 por donde se lo mire. Pens谩ndolo con el peri贸dico del d铆a siguiente y varias charlas telef贸nicas mediante, el nombre del principal galard贸n que recibi贸 como reconocimiento a una vida dedicada a la investigaci贸n y la militancia ambiental debi贸 darme alguna pista. En 2004, el jurado del Right Livelihood le concedi贸 uno de sus premios anuales, que homenajean a quienes 鈥渢rabajan en la b煤squeda y aplicaci贸n de soluciones para los cambios m谩s urgentes que necesita el mundo actual鈥. La distinci贸n se entrega en Estocolmo y es conocida como el Nobel Alternativo. 

Ah铆, en ese adjetivo se escond铆a la pista, porque 鈥渁lternativo鈥 quiz谩s sea la palabra que mejor define a Ra煤l Montenegro. Cuando sus compa帽eros de la escuela media se dedicaban a jugar al f煤tbol o escuchar la m煤sica de moda, 茅l ya era investigador asistente. Unos a帽os m谩s tarde, mientras sus futuros colegas bi贸logos so帽aban con estudiar especies y ecosistemas llamativos, 茅l decidi贸 comenzar desde bien abajo, analizando la biolog铆a de las hormigas. Y en 1972, con 23 a帽os apenas cumplidos, al recibir una medalla de oro en investigaci贸n otorgada por la Universidad de Buenos Aires, demostr贸 definitivamente que no transitaba las mismas rutas que sus cong茅neres. La recompensa por el premio era un viaje y los habituales ganadores eleg铆an de manera indefectible alg煤n destino en Estados Unidos o Europa: Montenegro dijo que prefer铆a la Caatinga, un 谩rea de casi un mill贸n de kil贸metros cuadrados en el nordeste brasile帽o, eternamente azotada por un sinf铆n de calamidades, clim谩ticas, econ贸micas y sociales. 

- Glauber Rocha, el director de cine brasile帽o, me despert贸 el inter茅s con las im谩genes que mostraba en sus pel铆culas. Recuerdo especialmente Dios y el diablo en la tierra del Sol. Me llamaban la atenci贸n los primeros movimientos subversivos en Am茅rica Latina. Rocha hablaba de las ligas camponesas, gente que luchaba para que la tierra fuera suya, que mezclaba lo religioso con lo social, grupos familiares enteros que asaltaban las fazendas en los momentos m谩s dram谩ticos de la sequ铆a. Acababa de casarme y los dos meses en la Caatinga fueron mi luna de miel. Estuve en lugares donde hac铆a tres a帽os que no llov铆a, vi ni帽os con hidropes铆a, retenci贸n de l铆quidos y atacados por par谩sitos. Dorm铆a en hamacas, com铆a en el campo con 600 moscas alrededor o en el enorme sal贸n de una fazenda donde el coronel (como llamaban al capataz que decid铆a sobre el destino de 3.200 familias) se sentaba siempre en la cabecera y beb铆a en vaso de plata. Ah铆 empec茅 a darme cuenta de que hab铆a algo que estaba muy mal. Lo entend铆 sobre el terreno. Es muy distinto hablar, escribir o leer sobre el hambre que ver las t茅cnicas de explotaci贸n; muy dif铆cil llegar a visualizar de un modo medianamente realista lo que de verdad sucede sin ensuciarse los zapatos con barro. 

Aquel escenario dif铆cil y extremo de la Caatinga nordestina vio salir a la luz lo que ser铆a el leitmotiv de la vida de Ra煤l Montenegro: un mix perfecto entre la investigaci贸n y la militancia ambiental, la combinaci贸n de la t茅cnica y la ciencia con el activismo y la lucha. Lo que vino a continuaci贸n fue una infinita y todav铆a inacabada serie de combates a lo largo y ancho del globo portando todas las banderas imaginables para buscar a la vez una sociedad m谩s justa y un planeta m谩s sano. 

Sobrevinieron entonces como una catarata la puesta en marcha en 1982 de la Fundaci贸n para la Defensa del Medio Ambiente (FUNAM), casi a la par que el cargo de subsecretario de Medio Ambiente de su C贸rdoba natal con la vuelta del pa铆s a la democracia en 1983. Desde all铆 establecer铆a por primera vez en la Argentina la necesidad de realizar estudios de impacto ambiental antes de aprobar cualquier tipo de obra. Al poco tiempo asumir铆a la vicepresidencia de la filial de Greenpeace en el pa铆s mientras emprend铆a m煤ltiples peleas para detener la construcci贸n de centrales nucleares, campos de golf o cementeras, la instalaci贸n de minas de uranio o el uso descontrolado de agroqu铆micos en la actividad agr铆cola; fomentaba y participaba en la creaci贸n de parques nacionales o en la b煤squeda de m茅todos para prevenir incendios forestales; y acompa帽aba aportando sus ideas las demandas planteadas por comunidades de pueblos originarios para que les fueran devueltas las tierras de sus antepasados o les otorgaran t铆tulos de propiedad que impidiera las expulsiones por parte de empresarios forestales o agr铆colas... Todo, sin dejar de lado sus tareas de profesor e investigador, sin abandonar nunca la reflexi贸n ni desviar el sentido de tanta batalla, aunque de vez en cuando estas le acarrearan problemas y dolores de cabeza. 

- Casi me matan en Guatemala en 2015. Estaba con Carlos Arribas, un colega espa帽ol, en una comunidad maya-kaqchikel, peleando para que no les instalaran una f谩brica de cemento y nos invitaron a dar un taller en un sitio alejado. Yo quer铆a ir, 茅l me disuadi贸. Esa madrugada atacaron el sitio donde 铆bamos a dormir y asesinaron a once personas. En otra ocasi贸n viv铆 una ins贸lita persecusi贸n automovil铆stica en Port Harcourt, Nigeria, por hacerle una foto desde el coche a la c谩rcel donde hab铆a estado preso y mataron a Saro-Wiwa, que fue un poco mi gu铆a en estas cuestiones. Y hubo unas cuantas m谩s. Estoy escribiendo un libro, La br煤jula perdida, donde cuento varias de estas locas experiencias que me tocaron vivir. 

El t铆tulo de la obra por llegar no refiere a una cr贸nica de viajes sino al err谩tico camino que, seg煤n Montenegro, ha tomado la humanidad, un estilo vital que cada d铆a nos acerca unos cent铆metros m谩s hacia el desastre. 鈥淗emos fracasado como especie, es un hecho inexorable. Ni remotamente llegaremos a vivir el tiempo que vivieron nuestros antepasados prehom铆nidos. Ellos estuvieron dos millones de a帽os sobre la Tierra; nosotros llevamos 150.000 a帽os y estamos destruy茅ndolo todo鈥, dice, angustiado por lo que cree le tocar谩 padecer a su quinta hija, Oto帽o, que tiene apenas 8 a帽os de edad, y basado en el an谩lisis profundo de m煤ltiples variables que afectan la ecolog铆a del planeta.

 

- 驴Por qu茅 es tan cr铆tico con el estilo de vida de buena parte de la humanidad?

 

- Porque no se plantea que la pobreza extrema es tan mala como la riqueza extrema. Las sociedades toleran que haya pobreza, la tienen asimilada casi como una molestia, pero la mayor铆a asume la riqueza como objetivo a alcanzar, aspira a ser Bill Gates. Los estilos de vida, igual que el modelo demogr谩fico, no est谩n dentro de los cuestionamientos cuando son los pilares esenciales del suicidio colectivo. Est谩n fuera de la agenda, nadie los cuestiona, nadie los discute. Desmontar el modelo cultural es imposible y peligroso. Uno busca atenuarlo, pero no se puede hacer mucho m谩s. Las cartas parecen echadas.

 

- Eso suena muy terminante, como si ya hubi茅ramos traspasado el famoso 鈥減unto de no retorno鈥.

 

- En cierto sentido es as铆. La curva predominante que define nuestro funcionamiento socioambiental es exponencial: 2...4鈥8...16鈥32, cuando para que exista cierta armon铆a entre la biodiversidad, el ambiente y la cultura esa curva deber铆a ser sigmoide, una S, tener un l铆mite: crezco hasta donde el sistema me permite crecer sin afectarme a m铆 mismo ni a mis descendientes. El problema es que todos los pa铆ses de la Tierra son exponencialistas, sin excepci贸n. Por eso el lenguaje es cu谩nto creci贸 la econom铆a, se privilegia el crecimiento a la distribuci贸n. Si hay pobres, lo que se busca es aumentar la exponencial para darles algo en lugar de distribuir lo mucho que tienen los ricos. Nadie apuesta a la sigmoide ni a los l铆mites, sino al crecimiento. En los ecosistemas ocurre lo contrario. La biodiversidad no se pregunta cu谩nto crecimos sino c贸mo logro mantenerme, pero ninguno de nuestros modelos de convivencia con el ambiente, ni siquiera los m谩s benignos, siguen ese camino.

 

- Y seg煤n su punto de vista es imposible recuperar esa curva sigmoide...

 

-  No hay forma de vivir sin producir impacto ambiental. Aun la m谩s delicada agricultura org谩nica termina quitando nutrientes del suelo, y mientras la producci贸n fue al mismo ritmo que el resto de la biodiversidad la cosa funcion贸. Cuando se puso en marcha la agricultura a gran escala el sistema se hizo insustentable, y hoy estamos metidos en una trampa. Volver a la sigmoide implicar铆a cambios tan dram谩ticos que, en principio, quien lo intente acabar谩 en una zanja. Se van a pelear para pegarle un tiro. La lucha actual pasa por atenuar la curva, no por cambiarla, y eso ya es una tarea inmensa.

 

- Sigo sin entender bien d贸nde est谩 la trampa.

 

- Llegamos a tal tama帽o de la poblaci贸n mundial que su subsistencia depende de un sistema agr铆cola que ya definimos como insostenible y condena a muerte a mucha gente. Ahora vamos a suponer que ese sistema se transforma 铆ntegramente en uno m谩s blando, org谩nico, sin fertilizantes ni plaguicidas. Debe enfrentarse con una poblaci贸n inmensa que quiere comer todos los d铆as, por lo que necesitar谩 m谩s superficie y que los suelos se mantengan en condiciones. Inexorablemente habr谩 menos alimentos y tambi茅n morir谩 m谩s gente. Ah铆 est谩 la trampa: el sistema que adoptamos no tiene probabilidades de supervivencia, pero es muy dif铆cil salir de 茅l.

 

- Es en este punto donde entra a jugar lo que dec铆a del modelo demogr谩fico.

 

- En la India, cada a帽o se agrega una cantidad de gente equivalente a la poblaci贸n argentina. Crece el n煤mero de personas, pero el tama帽o del pa铆s no se modifica. Estuve en un parque nacional que l贸gicamente acab贸 sucumbiendo. Era una cuesti贸n de tiempo, no hay posibilidades de sostener un 谩rea protegida cuando cada vez hay m谩s poblaci贸n que necesita comer y tener un espacio donde vivir.

 

- 驴Est谩 proponiendo controlar la natalidad?

 

- No es un problema de crecimiento sino de modelo. Lo que se repite en todo el mundo, salvo alguna excepci贸n como en China, es no analizarlo ni cuestionarlo, lo cual lo torna ilimitado. A veces por motivos religiosos, con creencias que se basan en la falta de control; y en otras por una variable ideol贸gico-pr谩ctica. Una mayor cantidad de gente, sobre todo de los sectores m谩s desprotegidos, puede implicar una reacci贸n num茅rica ante el poder establecido, por lo que cualquier mecanismo que implique un control de esos sectores se considera una actitud pol铆tica de derechas. El resultado es que nadie quiere tocarlo sin darse cuenta que se trata de un embudo. Todo lo que nos est谩 pasando 鈥攍a p茅rdida de biodiversidad, el cambio clim谩tico, la degradaci贸n de los suelos...鈥 tiene su punto de partida en el estilo de vida y el modelo demogr谩fico. Incluso la pandemia. Ni el virus es diferente a otros ni nuestro sistema inmune se ha modificado, pero nunca hubo tanta gente tan concentrada, tan cerca y con tantos sistemas de comunicaci贸n. Si uno tiene el aliento de una persona entrando en la oreja de otra, el aumento de la velocidad de contagio es inevitable. 

Cualquier conversaci贸n con Ra煤l Montenegro es un viaje permanente en el cual los temas van encaden谩ndose de un modo casi imperceptible. Quiz谩s la clave est茅 en su mirada integral de la realidad, en el esfuerzo por demostrar que no hay nada 鈥攏i especie, ni sistema, ni razonamiento鈥 que pueda analizarse ni comprenderse aislado de todo lo dem谩s. 鈥淗emos inventado los ecosistemas para tratar de abordar y entender situaciones complejas, pero no existen l铆mites entre ambientes. El Chaco, el Espinal y el Monte no son entes separados, lo que sucede en uno influye en el otro鈥, dice como ejemplo trasladable al resto de sus miradas, ya sea que hable de transiciones energ茅ticas, cuencas h铆dricas o de las hormigas que contin煤a persiguiendo hasta en los espacios verdes del barrio Arg眉ello, al norte de la ciudad de C贸rdoba, donde tiene su casa y recibe el aire puro que llega de las sierras. Pero por m谩s abarcativa que sea, la visi贸n de una persona siempre encuentra un foco donde los ojos detienen su marcha. En el caso de Montenegro, ese eje est谩 en la biodiversidad, o mejor dicho, en la que la humanidad va dejando que desaparezca por pura aprensi贸n o ignorancia. 

- En t茅rminos de proyecci贸n, la 煤nica herramienta que el ser humano tiene para sobrevivir es la biodiversidad. No hay sustituto. El cambio clim谩tico, que es la cuesti贸n ambiental que con m谩s 茅xito ha logrado penetrar en la vida cotidiana de la gente, se puede solucionar con tecnolog铆a. La biodiversidad, no. Cada cosa que se pierde no se recupera. Nosotros podemos volver a plantar 谩rboles en un lugar determinado, pero no se pueden plantar ecosistemas. Esto solo puede hacerlo la propia biodiversidad remanente, lo que qued贸 de lo que hab铆a originalmente, y eso demora much铆simo tiempo, cada vez m谩s. Si el mismo asteroide que hizo desaparecer a los dinosaurios hace millones de a帽os volviera a golpear la Tierra la recuperaci贸n ser铆a espantosamente m谩s larga porque hay menos biodiversidad disponible para producir la regeneraci贸n.

 

- 驴Es negligencia? 驴O quiz谩s no sepamos del todo bien de qu茅 estamos hablando?

 

- Sabemos poco. Se ve lo m谩s grueso, los 谩rboles de un bosque, pero no los virus, los hongos y las bacterias que lo habitan. Por ejemplo, en los oc茅anos hay organismos predadores de virus que ejercen un control natural y ejercen de 鈥渧acuna ecosist茅mica鈥. Al simplificar la ecolog铆a vamos eliminando esas especies raras que se encuentran en la base del sistema y son claves para cambiar l铆neas evolutivas y dar respuesta a nuevas situaciones ambientales. Y le aseguro que no hay especie m谩s simplificadora que nosotros: m谩s que homo sapiens somos homo simplificans. Ni siquiera hemos aprendido a coexistir con la biodiversidad.

 

- 驴C贸mo que no? Cada vez que podemos, la mayor铆a salimos a buscar lugares abiertos: playas, monta帽as, bosques...

 

- Eso ser铆a coexistir con la naturaleza, que es un concepto casi rom谩ntico. Nos gusta la biodiversidad acotada que nos resulta placentera, es bonita y est谩 bien perfumada, como los 谩rboles de la vereda o el jard铆n, pero no aceptamos el desaf铆o de convivir con la bruta, la que puede llegar a matarnos. Si aprendi茅semos a hacerlo desarrollando los mecanismos de protecci贸n necesarios, a corto, mediano y largo plaza ver铆amos que las ventajas de contar con una biodiversidad m谩s extensa son muchas m谩s que los riesgos.

 

- 驴Hay alguna soluci贸n a mano para empezar a hacer mejor las cosas?

 

- El tema demanda inteligencia, colectiva y gubernamental. La caza, la pesca, los cultivos, las explosiones nucleares, los incendios, las deforestaciones, son factores de reducci贸n de la biodiversidad. Ahora mismo habr铆a que conservar todo lo que se pueda de la mejor manera posible. No se deber铆a tocar ni una hect谩rea m谩s de ambiente nativo, ni en las 谩reas protegidas ni en las que no lo est谩n. Ya no alcanza solo con tener parques nacionales. 

En 1998, la voz y la labor del profesor Montenegro ya hab铆a traspasado las fronteras argentinas. Su liderazgo en la lucha por impedir la apertura de una mina de uranio en C贸rdoba se hab铆a hecho viral antes de que la viralizaci贸n existiera. Aquel a帽o, la Fundaci贸n Franz Moll decidi贸 conceder premios a quienes trabajaran en favor de un futuro no nuclear, y el bi贸logo cordob茅s fue uno de los cuatro primeros galardonados. Su labor contra ese tipo de producci贸n de energ铆a tuvo un nuevo hito en Guatemala, donde consigui贸 frenar la compra de un reactor canadiense, y sigue vigente en su propio pa铆s. Le aterra la posibilidad de un accidente en la central de Atucha (a mitad de camino entre las ciudades de Buenos Aires y Rosario), donde est谩n instalados dos de los cinco reactores nucleares de potencia que existen en Latinoam茅rica: 鈥淓l impacto barrer铆a Uruguay y buena parte de Argentina鈥, afirma. Y se disgusta cuando oye hablar de transici贸n energ茅tica: 鈥淪iento que hay m谩s pluralidad de fuentes que transici贸n鈥.

 

- Europa acaba de decretar que 2035 es el a帽o l铆mite para los veh铆culos que utilizan combustibles f贸siles y varios pa铆ses punteros est谩n cerrando sus centrales nucleares, 驴no le parece buena noticia?

 

- Est谩 bien que crezcan las fuentes no convencionales y m谩s sustentables, pero donde realmente habr铆a que apuntar es hacia la inequidad y el despilfarro. La megaminer铆a consume energ铆a a niveles absurdos y en las casas el que tiene dinero puede mantener encendidos todos sus dispositivos y sus luces durante las 24 horas que nadie le pondr谩 un l铆mite. As铆, solo ahorran los sectores que deben hacer malabarismos para poder pagar la poca electricidad que consumen. Buscar m谩s energ铆a limpia es apenas una parte de la realidad, pero mientras las decisiones se tomen solo en funci贸n de compartimentos estancos, separados e incompletos va a seguir siendo un ensayo de prueba y error disfrazado de capacidad experta, y continuaremos fallando. No hay miradas integrales y no creo que sea casual, porque es un sistema que termina conviniendo a los gobiernos o a los intereses que representa.

 

- 驴Qu茅 deber铆a abarcar una mirada integral?

 

- Al plantearse una obra o una infraestructura no habr铆a que tener en cuenta solo la obra en s铆 misma sino tambi茅n su relaci贸n con el resto. Para hacer una central hidroel茅ctrica hay que mirar c贸mo funcionan las fuentes h铆dricas, si se propone usar l谩mparas LED se tendr谩 que estudiar qu茅 pasa con los metales usados en su fabricaci贸n, y lo mismo en cada caso. Pero los gobiernos, en general, tienden a eludir estos mecanismos.

 

- Por favor, deme alg煤n mensaje como para sostener la ilusi贸n de que el futuro no ser谩 tan terrible.

 

- Creo que se puede reducir la pendiente exponencial. Soy un optimista absoluto en ese sentido, pero necesitamos darle tiempo a la sociedad para que cambie de 贸ptica. Que deje de lado el consumismo sin l铆mites y el ego铆smo generacional. De nada vale que hoy se viva una gran fiesta si le robamos las opciones de supervivencia a nuestras ni帽as y ni帽os. Las organizaciones sociales y comunitarias, las ONGs, las universidades, tienen que incrementar al m谩ximo la resistencia para enlentecer el destrozo hasta que la mayor铆a entienda que sus comportamientos son parte del problema y pase de ser acompa帽ante involuntaria de la crisis a ser parte de la lucha. A estas alturas de mi vida ya aprend铆 que la pretensi贸n de cambiar el mundo es medio tonta y hasta peligrosa, porque si uno dedica su tiempo a tratar de conseguir cosas imposibles finalmente no hace nada. Pero si lo emplea en pelear por cosas que s铆 son factibles de cambiar por lo menos puede reducir el sufrimiento, y solo eso ya vale la pena.

 

Fuente: Coolt

Red Escuelas Verdes
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