En la defensa de los humedales
05/04/2021 | Investigadores de las universidades de Buenos Aires, Rosario y San Martín estudian cuáles son las mejores formas de preservar estos ecosistemas, fundamentales para mitigar inundaciones y sequías y fuentes de una gran biodiversidad.
Los humedales se volvieron un importante tema de estudio para las universidades nacionales del país. Estos ecosistemas, que se caracterizan por permanecer inundados durante largos períodos de tiempo, son fundamentales para el planeta porque son fuentes de agua, mitigan inundaciones y sequías, proveen alimentos y albergan una rica biodiversidad. Sin embargo, hay distintos factores que ponen en riesgo la conservación de estos ambientes, como el cambio climático, los incendios intencionales, la presencia humana y la contaminación. 

Frente a esta problemática, las universidades nacionales de Rosario (UNR), de San Martín (UNSAM) y de Buenos Aires (UBA) desarrollaron investigaciones que tienen como eje conocer las características de los humedales y encontrar las mejores maneras de preservarlos. 

Los ambientes antárticos 

La preservación de los ecosistemas de la Antártida se volvió una gran preocupación para la comunidad científica. Si bien el continente blanco parece un espacio inalterado, se puede ver afectado por la actividad humana, la contaminación global y el cambio climático. Para estudiar y evitar este tipo de impactos, el Comité Científico para la Investigación en la Antártida (SCAR, por sus siglas en inglés) lanzó el primer programa de conservación ambiental del continente, que busca diseñar medidas de protección con base científica. Una de las investigadoras convocadas para participar del programa es la doctora en Ciencias Biológicas de la UBA y especialista del Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental de la UNSAM Gabriela Mataloni, que tiene una larga trayectoria en el estudio de ecosistemas antárticos. 

Mataloni dirige un proyecto en el que participan investigadores de la UNSAM, que se enfoca en estudiar el área de Punta Cierva, una zona antártica especialmente protegida que “tiene una biodiversidad excepcional y funciona como un sistema de humedales”. La idea es conocer detalladamente las características del lugar para poder impulsar medidas de protección. Según detalló Mataloni, Punta Cierva es un lugar “muy susceptible a las invasiones biológicas” que podría causar el cambio climático. “La predicción es que en la Antártida van a aumentar las precipitaciones y la temperatura por el cambio climático, entonces este continente se va a terminar pareciendo más al resto. Organismos que vienen de otros continentes se podrían encontrar en la Antártida con ambientes más favorables para su desarrollo. Esto podría afectar la cadena alimentaria de la Antártida o disminuir la biodiversidad”, advirtió la especialista. 

Otras de las cuestiones que afectan a la Antártida son la contaminación global -que llega a través de la atmósfera y las corrientes oceánicas- y la presencia humana. La investigadora explicó que “hay algunas zonas del continente que están muy seriamente comprometidas porque la actividad turística se incrementa aún más cada año”. A su vez, “son cada vez más las operaciones logísticas y el número de bases que instalan todos los países”. Si bien Punta Cierva no está tan afectada por esta cuestión, el equipo de investigación propone hacer un monitoreo para averiguar si las personas que entran caminando a la zona protegida llevan “microorganismos invasores en la ropa o en las botas”. 

 El trabajo de Mataloni en la Antártida se destaca por haber sido pionero en entender a Punta Cierva como un sistema de humedales. El equipo de investigación asegura que bajo el paradigma de este tipo de ecosistema se entiende mejor la biodiversidad y el funcionamiento del ambiente. Por eso proponen que este modelo sea aplicado en otras zonas similares de la Antártida. 

 Ecosistemas en las ciudades 

¿Qué pasa cuando se busca preservar ecosistemas en ciudades atravesadas por la crisis habitacional? Esto es lo que estudió para la UBA el sociólogo Pablo Pereira junto a la doctora en Ciencias Sociales Marina Wertheimer. Pereira tomó como casos ilustrativos de estudio la situación de la Reserva Natural Ciudad Evita, que está ubicada en el partido bonaerense de La Matanza, y la Reserva Natural Laguna de Rocha, que está en el distrito de Esteban Echeverría. Ambas son zonas de humedales y ecosistemas valiosos para el conurbano que se ven atravesados por el avance de asentamientos de sectores populares. 

Los investigadores advirtieron que cuando se dan tomas de tierras o avanzan asentamientos en zonas protegidas urbanas, surge un “dualismo hegemónico que plantea una contradicción entre el derecho a la vivienda y el derecho al ambiente sano”. Frente a esto, plantearon que es necesario un diálogo entre ambos sectores: “Lo ambiental debe saber que para conservar las áreas protegidas, hay que reconocer y trabajar la problemática de vivienda. Un conservacionismo que se limita a reducir la naturaleza a aspectos biológicos o ecológicos conlleva el riesgo de funcionar como un discurso moralizante, que separa la lucha por un ambiente sano de las luchas por el acceso a la tierra y la vivienda”, señalaron. 

 Pereira remarcó que es necesario entender “cuáles son las dinámicas urbanas que llevan a que la gente se instale en un humedal, a pesar de no tener equipamiento urbano y a pesar del riesgo de inundación y contaminación”. “Claramente es necesario reubicar a esa población, asegurar el derecho a la vivienda, y recién en ese momento trabajar con la comunidad local para hacer reconocible ese espacio y que se sepa cuáles son los riesgos de habitar un humedal”, afirmó. 

Por otro lado, el sociólogo remarcó que “la planificación urbana debe reconocer las zonas de humedales, porque proveen servicios ecosistémicos y son importantes para el sostenimiento de las ciudades”. “Proponemos un diálogo entre los dos polos, porque en el conflicto siempre parece que hay uno que predomina”, señaló. 

Una respuesta a los incendios 

Otra de las universidades nacionales enfocadas en la investigación y cuidado de humedales es la de Rosario. La UNR decidió reunir a investigadores de diversas disciplinas para que estudien de manera integral el impacto de los incendios masivos que afectaron al Delta del Río Paraná desde febrero hasta octubre de 2020 y arrasaron alrededor de 300 mil hectáreas de humedales. Ingenieros, veterinarios y bioquímicos se unieron para conocer cómo se recuperan estos ecosistemas después del fuego, y si son capaces de volver a su estado original o si desarrollarán un estado nuevo. 

 El objetivo de la UNR es construir un centro de investigación en la Reserva los Tres Cerros, una zona de humedal que está ubicada en la provincia de Entre Ríos pero pertenece al Municipio de Rosario. Mientras esperan a que se concrete esa obra, los investigadores empezaron a estudiar la situación de la Isla de los Mástiles, que tiene 940 hectáreas, está ubicada en la provincia de Santa Fe y también fue alcanzada por el fuego. 

 El entomólogo y secretario general de la UNR, Guillermo Montero, detalló que los investigadores están estudiando la fertilidad de los suelos: “Queremos saber qué sucede con los suelos del humedal luego de que pasa el fuego, por eso monitoreamos el lugar inmediatamente después del incendio y lo seguimos haciendo durante un año”. Otra de las líneas de investigación es el “sensoramiento remoto”: con imágenes satelitales y drones, los científicos hacen un mapeo de las zonas afectadas. También, el equipo está estudiando la abundancia y diversidad de aves y artrópodos en el área incendiada y la biodiversidad de los ambientes acuáticos: “A través del estudio del ADN que está en los cursos de agua, se ve cómo es el impacto antes y después del fuego, y cómo se va recuperando o no el ambiente”. Por último, los investigadores se centran en el estudio de la flora del lugar y analizan la aparición de “especies pioneras”, que son las primeras que se establecen en el lugar después del fuego y empiezan a “competir entre sí para colonizar el área”. 

 Montero resaltó que el trabajo mancomunado entre los diferentes investigadores les permite tener “una visión más integral del problema y una mayor calidad en los papers y publicaciones”. “La idea es producir al máximo nivel posible y que esa información publicada sirva para la toma de decisiones sobre la protección de estos ambientes”, destacó el entomólogo, que también fue decano de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNR. 

 Con respecto a las causas del desastre, el especialista afirmó que en 2020 se dieron al mismo tiempo diferentes condiciones que permitieron la expansión del fuego: se combinó la acción de “los inescrupulosos que promovían los incendios con una sequía y una bajante del río extraordinarias”. “Fue como una tormenta maldita, porque se dieron las condiciones para que estos incendios, que muchas veces son más pequeños y controlados, se hagan masivos. Antes en el río ocurrían quemas, pero las lagunas internas hacían de cortafuego. Esta vez los cursos de agua estaban secos”, explicó. 

 
Próximamente, los investigadores planean diseñar un sistema de alerta temprana de focos de incendio, que funciona a través de drones y satélites. Además, buscan llevar adelante un proyecto de educación ambiental para que la población tome conciencia de la importancia del cuidado de estos ecosistemas. “Todo esto tiene que generar conciencia en los niñitos de los jardines, en los pibes de la primaria y en los adolescentes que van a pasear a las islas. El conocimiento de los papers y las investigaciones científicas tiene que llegar a la gente traducido a un lenguaje que se pueda entender para cambiar las actitudes y empezar a pensar diferente. Ahora esta temática de los incendios va a pasar de moda porque el río subió y viene un año muy húmedo, pero no podemos permitir que vuelva a ocurrir el desastre que ocurrió”, remarcó el investigador. 
 

Fuente: Pagina 12 

 

 
Red Escuelas Verdes
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